Ver las luces de las calles en la noche cuando todo se vuelve azul y negro, cuando el morado se apodera del cielo, ver las luces que son naranjas, amarillas, las cálidas luces, que quizás son así para no sentirse tan solo estas noches. Estas noches, ah.
Porque salí a comprar, el acto más banal y significativo para existir en todo lo que es vida para nosotros. Pan caliente, lentejas, cereales, golosinas, y los recuerdos.
La nostalgia de una infancia de donde no pertenezco, mi crecimiento hacia donde no me quedaré, los juegos que sí disfruté y les niñes con quiénes sí compartí.
Me siento mal estando tan lejos ¿pero de qué? Nunca he tenido un hogar, no tengo patria, no vengo de ningún lado, ¿lejos de mi familia? ¿lejos del confort? ¿lejos de donde habían comenzado a crecer mis raíces? Probablemente sea eso, probablemente no me gusta ser nómada, pero siento que así debería ser. Forzado a hacer nada y ser llevado, forzado a la constante adaptación, siempre nuevos entornos, nunca el mismo yo.
No sé si sea el mismo que escriba esto, no sé quién soy yo, no sé quién debería ser, no sé qué debería sentir, no sé qué debería pensar, qué hacer. La autonomía, la libertad siempre fue limitada.
Estoy llorando y no sé ni siquiera qué escribir, mi mente no quiere que siga así, mi corazón me impulsa, debería llorar más, debería recordar más, todo lo bueno. Darme cuenta que todo pasó, que todo pasará. Que el presente es una paradoja, que no existe y que es lo única que hay. Que el futuro en una ilusión y el pasado no sé qué mierda es el pasado.
Estoy solo, siempre ha sido así parece, siempre será así, siempre me imaginé a los seres humanos como entes alienados, como entes tristes. Estoy muy triste y lo peor es que no sé por qué, me duele el corazón, me duele la mente. ¿Por qué no estoy muerto? ¿Por qué no me han matado todavía?
Por qué siempre es la pregunta y la mierda apesta cada día, no sé si quiero las respuestas, no sé si quiero irme a un desierto arbolado, estar en un oasis, sentir todo el calor del sol y que el mundo se vuelva amarillo, naranjo, rojo, azul, café. Que el mundo se vuelva un lugar agradable para morir de hambre, que todo se vuelva en una imagen más bonita de lo que existe. Que lo horrendo deje de estar ahí. Que no haya gente, para que no te hieran. Que el mundo se reduzca a ese territorio, para no añorar ningún lugar. Que el agua tenga buen sabor, y que no existan edificios.
Las lágrimas se han vuelto recurrentes y no quiero acostumbrarme a eso, nunca quise que el mundo sea un lugar para sufrir, un lugar donde abunde la depresión, donde abunde la basura, y la muerte.
Pero no quiero evitar la muerte, no quiero que parezca que ansío un paraíso y un mundo más allá. No quiero nada de eso, en estos momentos lo único que quiero es dejar de existir, y dejar de molestar.
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