Veía el banco vacío cuando los demás se encontraban con
gente sentada y la pregunta del porqué no tardó en llegar. La gente se movía en
grupos grises y azules y se posaban sobre los bancos como individuos solubles.
Arriba del piso, debajo del ser sin entender las razones y al fin sentado.
Nadie miraba la singularidad y tampoco importaba porque tampoco había.
Pasaron días y el azul se convirtió en rojo, el gris en blanco y de vuelta al gris, también el rojo; también el rojo. Los grupos se disocian y el individuo desaparece, los bancos se elevan y son inalcanzables, la pregunta del porqué no tarda en llegar, no tarda. ¿Quién podría responder?
Los meses y ya no hay color, los grupos son segundo plano, las bancas se
alcanzan, el asiento al fin y sentarse por fin. ¿Quién está sentado? ¿Quién
podría responder? En la cocina el pan sabe a sopa cuando tiene semanas y las
semanas para el grupo significan números a contar, números y solamente números,
cuando se come y se sienta deja de ser y es hacer, deja del grupo y la
individualidad para la necesaria división, no de dualidades ya no, que éstas no
existen para alguien.
De vuelta no hay gente, nadie sentado, nadie sentado,
nadie sentado; la pregunta del porqué no tarda en llegar. ¿Quién? Al levantar
el cuerpo, dejar el ser en el piso contactando con el concreto, la madera, la
tierra y el pasto, dejar el ser sentado, llevar a cuestas el grupo divisible
por siempre para ayudar en la recolección, llevar el pan en la boca a dejar que
florezca vida, llevar las bancas para poder alcanzarlas, llevar el ser y
perderlo.
Perder nada más que nada, que perder significa nada, y alternativa no hay, las
montañas lo saben y hay que preguntarles, que el Sol lo sabe y hay que
preguntarle, que las cadenas lo saben y hay que pedirles, que los barrotes y el
agua quizás, que los muros y caminos, la gente y las mesas, la harina sirve
para algo, no gusta, no gusta al cuerpo. Última vez y la banca.
Años, años, decaimiento, la oxidación, piernas débiles, el descanso, los grupos
doblemente desaparecidos, sin sujetos, nada está atado, las cadenas rotas, las
montañas desmoronadas, el ocaso, la vida al fin, vivir por fin, dejar el ser de
hace años, recordar el pan, levantarse y dejarlo en la banca, olvidarse, irse,
degeneración del individuo divisible, y finalmente el camino sin trabas.
El ser jamás estuvo, y el cuerpo se da cuenta sin querer, y la pregunta del
porqué no tardó en llegar.